Las ventanas de contenedores de basura. Tarkl- Cortázar-Rimbaud-viejetes

Cae el ocaso a pesar que el cielo aún se mantiene azul, emerge el color albaricoque (Brecht), en la cera baldosas de piedra rectangular al lado de la extensa pared de crema de un edificio institucional. Suave se tensa en la linde del bosque el bramido de la cierva, apuntaría Tarkl. Pedancia gratis por aquí. No obstante, cómo en el acto de cruzarse se mueven y miran o ignoran los transeúntes. Qué prietos andan por la estrecha cera y con que poco esmero se sortean entre ellos. Grupos o células sueltas; todos organizados, resueltos por la motivación de una voluntad prescrita, unas emociones previstas, unos sentimientos igualmente predecibles, y una memoria de lo que van a vivir que podría anticiparse de un plumazo con acierto relativo. Violenta, terrible sensación la que los penetraría de interactuar con sinceridad; se desmayarían si se atreviesen a desviarse hacia el sentido inverso al horizonte marcado.

De nada vamos sobrados si nos quedamos quietos. Detesto los hipotéticos del condicional, la apacible tarde de letargo peliculero a todo volumen. Hay que detenerse, tan sólo parar, pero no como ejercicio pedagógico. No hay queja sin moral como no hay educación sin moral. Por todos lados jerarquías. ¡Qué miren! dijo el indiferente. Pero la realidad no te pertenece, dijeron ellos; la realidad es toda esta virtualidad asquerosa entre vasos incomunicados- dicho al estilo Cortázar. Eso decía, detenerse 30 minutos, dejar de ser amable, despreciar a toda la humanidad, pues ella se queja sin razón y cuando tiene tazón calla como una puta asustada de muerte.

Obligados como estamos a participar, hagámoslo con tristeza. ¡Oh no! sé positivo, dicen. No, repito, la realidad es maciza y gris y el hombre la ha pintado de ese gris, así que no nos montemos ilusiones de estafador, no dupliquemos las mentiras como, como surge el egoísmo

Esa base natural que racionalizamos con trucos, malabares e inventos que presuntamente ofrecen a otro algo de modo absolutamente altruista. Prueben de dar todo por alguien que les ignora, más aún, les repugna. Nacerá una fiera ira, ciega y sorda, incalculable, destructora, que arrasará con los otros y luego con usted mismo y, probablemente, no se agotará hasta que la domestique, una vez calmada, con algún argumento anestésico que la adormezca hasta otra ocasión.

¡Qué empachado de felicidad estoy! menuda náusea tener que vivir lo invivible, porque cómo puede ser feliz uno con su condición asquerosamente humana. Felicidad; definición al uso: proyección que representa un mundo en el que los signos o elementos o su puta madre que son agradables- y agradable es el placer más feo- se maximizan. Luego, para los monstruos de la realidad hay laberintos de excusas en los que los problemas vagan perdidos y gritando. Para Rimbaud, felicidad era morir en la cama de su puto río, la zorra naturaleza que friega piedras lo mecería. No, no decía felicidad, decía quiero estar allí y morir allí, con ella; pertenece a ese lugar. Eso no es más ni menos que la felicidad, no, algo distinto.

Una capa de tenue amabilidad obligada, es decir, enfatizar las alegrías- máxima de tu comportamiento social epicúreo conferencia Campillo jardín de nostàlgicos olvidadizos con prólepsis a pleno rendimiento. Fin.

Cómo ríen los viejetes cuando oyen sexo; será su represión, malditos mendigos del placer. Los viejos, aunque más las viejas, están locos: tarados extravagantes, panda de desequilibrados mentales con excepciones. Los viejos sordos gritan mucho. No se enteran de su alto volumen, y siguen gritando.




Expressionisme alemany, literatura contemporània



Franz Marc,

"Wagner se da cuenta desde una distancia de diez metros de lo siguiente: 1. Ésta no tiene dinero; 2. Está furiosa con Franz; 3 Me quiere, a mí, el guapo Wagner. Con este guardarropa lo quieren todas las mujeres, especialmente cuando se trata de una recaída, de lo que se llama una reprise. En relación con el punto 1, da a a Cilly diez marcos. En relación con el 2., maldice también a Franz. Dónde se ha metido el tipo es algo que quisiera saber también. Pero Cilly tampoco sabe dónde está Franz, y eso habla en favor de la tesis, aduce Wagner conmovido, de que le hombre se ha casado. Y luego dice amablemente, en relación con el punto 3. , tocante al amor en casos de reincidencia: de momento no estoy libre pero en mayo vuelve a preguntarme. Debe de faltarte un tornillo, grita ella sin creéselo de alegría. Conmigo todo es posible, dice él radiante, se despide y sigue su paseo. Wagner, oh Wagner, eres mi paladín, Wagner, mi Wagner, sólo a ti te amo." 






Expressionisme alemany, s'escapa de la vista i l'oïda. Domini absolut del temps-l'espai i l'acció continguda sota l'expressió del pensament. El Sol es mou al voltant de la Terra, mentre la Terra es desvial'òrbita. El Sol, 300.000 vegades més gran. Tants zeros de superioritat per donar-nos escalfor i alegria un dilluns, i demà un dimarts; seguim en el mateix mes i any. Ens gratem la panxa amb l'esquerra, agafem el cafè amb la dreta, i en asseïem al banc doblant els genolls, i mirem el Sol. Els 7 minuts que tarda un raig ha arribar a la meva galta justifiquen l'alegria i bonança d'un dilluns. Menys de 7 minuts, no. Les erupcions solars, les explosions per reaccions generades pel propi funcionament interior del ens celest. La crema solar abans de fer el cafè. D'alegria no sen sent, sí una molèstia. Els dilluns són una merda, i són iguals que el dimarts i la resta del mes, sense canvis. La sortida del Sol és l'avís per tancar els porticons. A endinsar-se en la ciència de les relacions personals de la manera que tractem la relació dels astres amb les lleis d'inèrcia, resistència i gravetat. I això és expressionisme, atrevir-se a ser un narrador omniscient; jugar a saber el que pensa l'altre i intuïr creençes, relacions i problemes sense deliberar, tant sols contestant en forma de reacció instintiva. Portar la veritat existencial que hoe sent en les seves reaccions immediates fins l'aláda de veritat general, de tots, i amb la quals pots conduïr-te. 

Para terneros bípedos, de mediana estatura, con sotana y la capucha caída hasta las cejas; proceso des-simismación de la existencia


A propósito del creyente, Nietzsche nos dice que su moral es la suma de las condiciones de conservación de una especie de ser humano pobre, malogrado a medias o por entero (pp.749. 22-25. frag.post), es decir, su moral se construye a partir de ciertas condiciones de conservación que proceden a su vez de cierta deficiencia fisiológica. La fisiología es, pues, la causa de que instintivamente otorgue el honor supremo a una moral de la des-simismación, y por extensión, la causa lejana de cómo es en el creyente su inteligencia, su experiencia y su vanidad  (pp.379 11-48 frag. post.)

¿Qué quiere decir Nietzsche con que las condiciones de conservación de cierta fisiología pobre a medias o por entero se encarnan en una suerte de moral de la des-simismación? De entrada,  si seguimos la traducción de Andrés Sánchez Pascual, la moral de la des-simismación (Entselbstun) significa la moral de la renuncia de sí mismo. De seguido, esta moral de la renuncia de sí convierte las virtudes con la que es <<posible la felicidad de los más inferiores>> en el ideal que juzga todos los valores (pp.358 10-178 frag. post.). Así que, en origen, la conservación de una especie inferior, esto es, la encarnación de un ideal que convierta en virtudes aquello que le garantice su felicidad,  pasa porque se establezca en la nada, o lo que es lo mismo, en una previa renuncia de sí mismo.

A tenor de esto, ya se nos aparece la dicotomía fundamental: ¿El hombre en sí o en la renuncia de sí? ¿Simismación (sí mismo) o des-simismación? ¿Nuestra naturaleza o una moral? ¿El hombre natural o un hombre fiticio? Todo esto bajo la pregunta: ¿dónde  pone el hombre el valor de la existencia? Pero acaso ya hemos dado la respuesta por lo que hace a una des las dos opciones: una especie de ser humano pobre, malogrado a medias o por entero pone el valor de la existencia en la moral de la des-simisación (renuncia de sí), basa au voluntad en un conjunto de virtudes cristalizadas en la moral de un Dios, su Dios. En conclusión y según Nietzsche, esto es lo mismo que fundar el valor de la existencia sobre la nada. Sils-Maria
 
 
 

Fascismo Italiano


A la pregunta sobre qué organización social y política revela la libertad sustancial, Berdiaeff responde el Fascismo italiano[1], pues su manifestación espontánea de la voluntad de vivir surge de grupos sociales súbitamente agrupados y unidos[2]. En primer lugar, para Berdiaeff, el rasgo de <<manifestación espontánea>> nos pone sobre la pista de que consiste en una fuerza biológica, y no del derecho; en otras palabras, la <<manifestación>> se engarza en la vida misma, con lo cual se desentiende de cualesquiera fronteras jurídicas. [3] O, remontándonos hasta el origen, también podríamos formularlo según principios, así, detrás y durante la <<voluntad de vivir>>  lo que opera es el principio de fuerza, y no, para seguir con el símil del derecho, el principio de legitimidad.[4]

Parece pertinente destacar que en términos de la libertad sustancial, lo realmente relevante es que la actuación del hombre es dirigida, en palabras de Berdiaeff, por la substancia, y no como antes, que se había mantenido en la forma.

¿Por qué Berdiaeff se fija en la estructura social y política del fascismo italiano? Pero a esta pregunta, de alguna manera, ya se ha respondido. En el fascismo descubre la llamada comunión con la vida, esto es, una pintura de la vida humana en la que todas las personas despliegan su libertad desde su vitalidad particular hasta conformar, en el conjunto de la sociedad, el orden espiritual de un universo.


A vista de pájaro, se produce un tránsito del mundo-caos que había experimentado Europa y había culminado en la Gran Guerra, al repentino establecimiento de un orden espiritual de un universo que significa el fascismo italiano, y que es análogo al de  del medievo. Así es,  notemos que en el discurso a propósito de la manifestación de la forma predilecta de la libertad substancial, si Berdiaeff  pone su mirada en el fascismo italiano es con la estrategia prefigurada de mostrar la analogía a la que se ofrece con los ciertos elementos de la Edad Media.


A todo esto y para ser justos con Berdiaeff, sería una grave falta deducir que con este pasaje lo que hace, de algún modo, es una justificación a ultranza del fascismo italiano; de admitirlo, puede objetarse algunas inconsistencias fundamentales. Pero sólo daremos dos breves razones por las que Berdiaeff no asume con el pasaje el fascsimo en un sentido histórico. La primera es que su recorrido por el fascismo italiano se circunscribe en las propiedades de la estructura social y política consuetudinarias a la libertad sustancial, y que le permiten, a su vez, realizar una analogía con las propiedades pertenecientes a la Edad Media. Por otra parte, el mismo Berdiaeff condena  reiteradamente las atrocidades cometidas al hombre durante la Gran Guerra, con lo cual parece del todo absurdo entenderlo en este punto como si fuera un partidario más del fascismo histórico.


Para aclarar esto último, si tenemos en cuenta que su libro en cuestión fue publicado el año 1924 y Mussolini subió al poder el 30 de octubre de  
1922, nos convence por completo de nuestra conclusión. Pues en ésta etapa, aún ignorando el seguimiento ya pormenorizado o ya general que hiciera le mismo Berdiaeff, no tuvo aún así ningún conflicto relevante. En estos años la Italia de posguerra presenta un cuadro social exaltado, de afirmación vital, bajo la meta común de recobrar el vigor perdido a través de su apoyo a una serie de proyectos  industriales, agrarios y políticos que, a la postre,  habían de devolverles a su espíritu su dignidad original. A mi parecer, es en este sentido que reluce la expresión<<manifestación espontánea de la voluntad de vivir>>, y es en ella en la que debemos enmarcarla.







Liszt, Franz

[1] P.89
[2] P.89
[3] P.89
[4] P,89

3:35

Si aún tenía algún sentido hablar de ello era por la cercanía de lo ocurrido. Recuerdo la puerta al fondo del pasillo, blanca, ancha, con la luz amarilla que se escurría por debajo de ella. Pero la puerta parecía un rocío de lágrimas, tristes y fúnebres  cayendo hacia abajo sin parar, como una cascada. Dentro había una persona que con sólo presentármela en la imaginación ya me hacía estremecer de angustia. Tenía una edad avanzada, discurría por este mundo como cualquier otro, insensible al tiempo, centrándose en lo cotidiano,  exacerbándose por una nimiedad u otra. Muy usual ante un espectador común, la aparición de ese rostro arrancado de la expresión de amor, que tiempo atrás mostró, pero del que ya no queda rastro.

Andaba arrastrando los pies, se movía con flema, era algo esperpéntico. Sin embargo, ya tenía su avanzada edad para permitirse eso lujos de la debilidad. Otros, aún sin haber abierto la última flor, parece que ya están languideciendo, como por el acto de su propia voluntad, que ha decidido omitir su breve existencia en el tiempo, prefiriendo, por contra, reservarse la experiencia para acudir directamente a la muerte.

La idea del suicidio siempre había rondado en su cabeza. Pero sólo la comprendió el día que sentado en la mesa, fue preso de una agitación, confundida en la angustia, y que al fin, al dar casualmente con el ojo en el cuchillo, le asombraba o, mejor, asaltaba la cruda imagen de su frío metal cortando la tierna carne del cuello.

A partir de ese día, se prometió a sí mismo esquivar por todos los medios del engaño y el despiste la sobrecogedora imagen de su propia muerte. Sin embargo, hoy, con la imagen de la puerta cubierta en lágrimas, la persona detrás de esa puerta blanca, de trazo viejo, aspecto marchito, actitud indolente y arrastrada por la inercia de los años, no le arremetía de otro modo sino como otra imagen de la categoría de la su suicidio, ésta, aunque igualmente atroz, significaba un absurdo absoluto.

Así, y sin más,  cayó en la repentina conclusión del absurdo. Que le llevó aún más allá, también le significó que no tenía nada que lo sostuviera debajo de sus pies. El hecho de mantenerse en vida, la propia expresión personal de: decidir desplegar una hoja más o retrotraerla al capullo; éso, sin duda, era algo, un momento de  vacío que le entraba por la espalda y le salía por delante del estómago. Eso, sin dura, centraba su atención. Ya no podía dejarse ir con arreglo a algún otro, debía sostenerse a sí mismo en todo momento.

Pero esto, aparentemente tan pueril, de tintes escolares y de música de tonos graves, no es nada; lo importante del conjunto, lo que, a la poste, es aquello que se sigue sin saberlo, es la imagen objetiva de la puerta blanca al fondo del pasillo, tan triste, tan arrebatadora, que lo oculta todo en una impresión. La impresión del que mira a lo lejos, y se dice a sí mismo, por un momento, sólo por momento, que debería darse el imperativo de irrumpir a través de esa puerta corrida en lágrimas, entrar, y devolver la vida a aquél descarnado sujeto. Y así, de improviso,  y sólo quizá, el mismo gesto serviría para que me dé brío en un hoja, o, por el contrario, me condene a replegarme en la muerte del capullo. Pero eso es lo de menos, lo autenticamente merecedor, aquello realmente creativo que ilumina el cenagal  y culmina la escena es, ni más ni menos, el preciso instante en el que todo puede cambiar, en el que un pasillo de escasos metros separa al que mira  de la puerta blanca, su imagen dándose muerte con el frío cuchillo del solitario absurdo de ella.

 Es la convulsión que anuncia que todo puede ir hacia un lado o hacia otro, hasta el punto que todo vuelva a empezar, como en otra vida, vida nueva,  rejuveneciendo a los que palidecen y matando a los que florecen, o comoquiera que sea,  pero al fin considerando que la estación primaveral sucede a la invernal, que siempre vuelven, puntuales, a cambiar las cosas, y que, del mismo modo, aún se está a tiempo de dar respuesta a la impresión de la puerta blanca precedida de la imagen de suicidio, cuando ella vuelva, puntual, en el tiempo casual, a presentarnos a ella y a mi en la distancia. ¿Y qué haremos?   irrumpir a través de la puerta blanca, aunque, quizá, por entonces, a ella ya se la haya tragado un absurdo insalvable, o yo esté muerto. Pero lo mismo da, en cualquier caso, hay algo que siempre sobresale, y es, de nuevo, el sublime momento en el que que uno está en un extremo del pasillo y el otro en el extremo opuesto, dentro de su habitación de puerta blanca, y entonces, empiezas a pensar en su imagen, luego en tu imagen, más tarde en la de los dos, y se desvanece el habla


No ingerir

Corrió, corrió, corrió en una huida hacia adelante, con un libro entre las manos pegado al pecho. Era un chico listo, su madre le dijo que no debía dejar de correr ni un momento, y así lo hizo, esquivando uno y otro, zazigueando por la acera, e incluso esbozaba una sonrisa jovial. Y  el libro, que le había apretado su madre contra el pecho, colgaba  ahora de su mano a través de un hilo de cuero por el cual pendía, mientras seguí corriendo sin parar, poniendo un pie aquí y allà, pasando entre la gente.
La madre desapareció. El chico sólo corrió, y, quizá, se salvó.

La falacia de la Constitución


Me entretiene mucho la falacia, en general del poder que es supremo y sostenida también en la Constitución española: "Eso no significa que el rey pueda hacer lo que desea, sino justo lo contrario...".

Lógicamente hablando esto es bastante curioso. Al caso, la frase resignifica el término de "absoluta libertad en el poder", dado fácticamente, con arreglo a un principio falaz que le otorga una dimensión fuera de dicha facticidad: de un hombre que ejerza el máximo poder se presume precisamente que, en su uso, debe ir dirigido con mayor cautela que si tuviera un poder inferior, pues cuanto más poder se concentra mayor es, proporcionalmente, la propagación del efecto de sus actos, sean estos justos o injustos decir. El que piensa así acostumbra a acabar concluyendo con un: y es por esto que, de la absoluta libertad (del Rey) en el poder se deduce el formato más riguroso de la voluntad a la hora de pensar sus actos. Y, si están de humor, sueltan el elogio facilón: qué difícil es gobernar. Y para poner el acento al elogio y hacerlo más candente, se dan insultan satisfechos: no querría se Rey por la responsabilidad que contraes. Entonces, vuelven con renovado émfasis al estribillo: ¡qué difícil es gobernar!

Comoquiera que sea, esto huele al punto menos que a tierna fábula, y su propósito sirve, como no, a la justificación del poder entendido en este sentido. Por lo demás, a mi juicio, de la facticidad de un sujeto con absoluta libertad en el poder se sigue, de suyo, un Gadafi, un Juan Carlos I, un Alberto II o un Bashar Al-Assad. Esto es, personalidades que harán lo que quieran cuando así lo decidan. Máxima libertad de acción para tales chupatintas.

Intempestiu 2.12


Y se preguntó por la sombras que un día cobijaron su sueño. Sintió la imperiosa exigencia de ponerle título al momento, desesperación se dijo. Éso es, estaba sentado y ardía de desesperación como en una hoguera inextinguible, incluso olía el humo que él mismo emanaba...Y entonces corrió, corrió desesperado, y no poco ni cojo, ni como lo hacen los que huyen, sino más bien como un cojo que huye sin saber por qué ni durante cuánto tiempo lo hará, así, como un loco embriagado.

Y corriendo a través de una extensa llanura franqueada por altos álamos sintió que bien valía la zancada una siguiente, y, aunque tras los mismos álamos se escondiese un hondo valle que engullía todo con sólo que se asomase, poco importaba, se dijo; y retorció los músculos, redobló la marcha, apretó su voluntad en el entrecejo, siguió dirigiéndose a ningún sitio. De improviso, abrumado, posó sus pies ligeros sobre el suelo, uno junto al otro, y vio en la altura, sobresaliendo por encima de los álamos, resurgir el sueño hundido que un día retuvo, con sus mismas sombras, igual de imperioso e inconquistable.

Entonces comprendió que el sueño siempre idéntico e idénticamente enterrado no tenía sombra ni cobijo, siquiera encerraba un fin sino muchos fines. A lo que se dijo que si cuando estaba sentado lo estaba en el fondo del valle, si es allí, pues, donde los soñadores pierden la facultad de soñar y viven sometidos a las sombras y el cobijo de la superficie,  y si por el contrario con el sólo correr hacia algún lado es está soñado; mas aún fue más lejos, y conjuró si no dejar de correr jamás suponía no sólo concebir sueños si no además cumplirlos.

Aún embriagado, nuestro loco golpeó un último suspiro al presente, y se confesó si cuando corría sin saber por qué ni durante cuánto tiempo estaba cumpliendo sueños que él mismo desconocía que su voluntad aspiraba cumplir. Luego, preso de lo terrible del momento, se sugirió si no sería la voluntad misma un soñar y cumplir sueños, y la falta de ella, la absoluta desesperación que lo ha llevado a correr, correr, correr y correr, para recobrar la voluntad que es sueño.


Fragments sobre la llibertat: Dostoievsky-Nietzsche


F. Nietzsche; Crepúsculo de los ídolos, Incursiones de un intempestivo, 38

p.121
El hombre que ha llegado a ser libre, y mucho más el espíritu que ha llegado a ser libre, pisotea la despreciable especie de bienestar con que sueñan los tenderos, los cristianos, las vacas, las mujeres, los ingleses y demás demócratas.


Fiódor M. DostoievskyMemòries del subsòl

p. 24, III
Per a elles la paret no és una evasió com pot ser-ho per a nosaltres, les persones que pensem i que, per tant, no fem res; no és una excusa per fer mitja volta i girar cua, una excusa en la qual els de la nostra mena amb prou feines creiem, però que sempre ens fa feliços.

p. 30
Així doncs, és cert que no travessaré aquesta paret amb el cap si em manquen les forces per travessar-la, però no penso reconciliar-m'hi pel sol fet que sigui una paret i que em manquin les forces

















Habitació de Dostoievsky

Intempestiu 15

La intensa olor del cabell sense aroma,
la tímida escalfor del sol en el rostre,
la  fresca humitat de la gespa en l'esquena;
enllà, un abisme de roques escarpades, 
llempegants i afilades.

I hi ha un aire suau que travessa i envolta; 
i de sobte les paraules cobren valor,
i podem morir, rebentar per dins, 
i sentir la indiferència en la diferència,
ser un absolut

Mes callem i esperem l'ocàs,
i quan el cabell s'olori
la pell es refredi,
la gespa s'asssequi,
el vent s'aturi
i el sol es pongui, 
parlarem de tu, parlarem de mi, 
i d'aquest abisme de roques
escarpades, llempegants i afilades 
que ja no es veu.








 







Habitació de Nietzsche a Sils Maria                                                                              

Richard Baxter; l'homo economicus [Capitalism]

La constitució més diàfana de l'esperit del capitalisme es mostra en la valoració ètica positiva del treball incesant, continuat i sistemàtic en la professió com a mitjà ascètic per la comprobació absolutament fiable de l'autenticitat de la fe en l'home i, per tant, de la seva regeneració. L'ascetisme superior, prescrit per Baxter a la cura de les ànimes, hi va unit a una estrangulació del consum  de productes de luxe, així com la desaparició de la relació de perjudici que hi havia entre l'acumulació de la riquesa amb la rectitud del home.  D'acord amb això, sorgeixen homes que reuneixen grans capitals, els quals, per prescrpció moral, s'han de destinar al benefici de la colectivitat. I es per això pel qual el capital es gastarà en finalitats productives: la pròpia empresa.

El decisiu de tot això és que la concepció de Baxter subratlla que el significatiu per a l'home purità no radica en res més que en la seva conducta ascética en la vida profesional, situant  així l'acumulació desmesurada de capital com un efecte conseutudinari, secundari al treball.

Així, doncs, la concepció puritana del treball afavoreix l'aparició d'un ethos professional burgés el qual es mou dins els límits de la correcció formal i amb una conducta ètica impecable, que, en el seu treball, es tredueix en la constatatció de l'estat de gràcia ( certitudo salutis) en un sentit religiós, i de l'acumulació ilimitada de riqueses com a fenòmen econòmic.

Finalment, notem que en el disurs de Baxter la forma religiosa que ha modificat la conducta humana en el treball encara subsisteix en el capitalisme actual; ara bé,  el seu esperit ( contingut) s'ha anat secant fins a resultar el naixement de l'homo economicus o de l'esperit del capitalisme.
Avui, el capitalisme s'ha emancipat dels pressupòsits religosos que li van donar l'origen, i, en la seva autonomía actual ha cristalitzat els preceptes del deure de fer bé el treball siguin quines siguin les condicions en les que es desenvolupi, o, el que és el mateix, la concepció de l'home que és un professional a la seva feina. Aquesta mentalitat sorgeix de la idea relgiosa que a través d'una conducta racional, continuada i dura del treball, l'home aconsegueix una cosa així com un estat de gràcia, concebut en la mesura que en el seu treball  estava honorava a Déu. Així és, per a Déu, el treball és un fi absolut per a l'home, al qual s'hi ha d'aplicar per a defugir de l'oci i el repòs que són propis de l'altra vida o vida eterna del sant. El treball vist com a professió en el sentit expressat permet a l'home sentir-se a sí mateix en un estat de gràcia. Mentalitat aquesta, que ha perdurat en la forma però no en el seu contingut religiós.

Paradise Lost, Milton [expulsión del paraíso, último canto]

Atrás vuelve la vista en el instante
Y a la parte oriental de su morada
La espada fulminante
Ven en hondas flamígeras vibrado;
Y su elevada puerta,
Con armas centelleantes ya cubierta,
De tremendos semblantes ocupada.

Verter les hizo lágrimas natura;
Mas la vista de un mundo, que anchuroso
Lugares ofrecía a su reposo
Las enjuga, calmando su amargura.

Aunque errante su paso y vagoroso,
Asidos de la mano con ternura,
En el Edén por solitaria vía
Siguen la Providencia que los guía.




1.21


Quand sacrifier esthétique pour la sincérité. Vous perdez l'ambiguïté et obtenez la vérité. De là, tout ce que nous pouvons dire de cette vérité, seront graves. Cela se produit lorsque l'un est franchement avoué. Ensuite, si quelqu'un croit authentiquement à la franchise de ses aveux. Ce quelqu'un a deux options réelles : répondre sérieusement ou de se taire. La chose drôle est que toute confidentialité, c'est à dire le vrai discours, ne supporte pas toute réponse possible.

La confession est uniquement faite pour être entendu, rien de plus.

À la fin, il y a deux problèmes, le premier s'ils croient ou ne croient pas la confiance révélée ; le second, qui savent écouter. Le plus étrange est que croire en la vérité d'une confiance et savoir écouter, c'est la même.
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Cuando sacrificas la estética por la sinceridad.  Pierdes la ambigüedad y consigues la verdad. Desde aquí, todo lo que se pueda decir a partir de esa verdad, será serio. Esto ocurre cuando uno se confiesa francamente. Entonces, si alguien cree autenticamente en la franqueza de su confesión. Este alguien tiene dos opciones reales: responderle seriamente o callarse. Lo curioso es que toda  confidencia, es decir, el discurso verdadero, no admite ninguna posible respuesta.

La confesión sólo está hecha para ser escuchada, nada más. 

Al final, hay dos problemas, el primero si creen o no creen la confidencia desvelada; el segundo, que sepan escucharla. Lo más extraño de todo es que creer en la verdad de una confidencia y saber escucharla es lo mismo.

Poema de Joan Maragall; "Epíleg", excelsior


Vigila, esperit, vigila;
no perdis mai el teu nord;
no et deixis dur a la tranquil.la
aigua mansa de cap port.

Gira, gira els ulls enlaire,
no miris les platges roïns,
dóna el front an el gran aire;
sempre, sempre mar endins.

Sempre amb les veles suspeses
del cel al mar transparent;
sempre entorn aigües esteses
que es moguin eternament.

Fuig-ne de la terra immoble;
fuig dels horitzons mesquins;
sempre al mar, al gran mar noble:
sempre, sempre mar endins.

Fora terres, fora platja;
oblida't de tot regrés;
no s'acaba el teu viatge;
no s'acabarà mai més. 

6.06

Ya no quedan demasiadas razones. Algunas se fueron, sobretodo decidieron marcharse cuando vieron el estado de la situación, caracterizado por el carácter  idéntico a sí mismo que ofrece cada mañana, repitiéndose religiosamente al salir el sol; esto sucede, pues, sin ningún pronóstico de que la naturaleza de las circunstancias varíen; y en silencio, rodeado de personas que aspirando vertiginosamente a la felicidad, y haciéndose de ellos mismos un derecho en sí mismos de seguir hacia adelante a la realización, plenitud, de sus egos; con elegancia y palabras amables, así se mueven todos con sus garras. Aunque, antes de tomar esta alternativa de la patética felicidad, comprendieron algo que los aterró hasta olvidar su nombre; descubrieron que, llegados a un punto, más allá de la subsistencia, es decir, cuando el hombre ya está satisfecho de comida. Y, aún más, más allá de toda la serie de placeres y experiencias que distraen, activan, y dan emociones a patadas al hombre. Llega el momento en que se detiene, y tumbado en el sofá, parado sin hacer nada en la cola de un supermercado, esperando la llegada del ascensor que baja,  volviendo a casa después de un gran día, o en los momentos previos a que el microondas finalice el último eterno minuto. Es en estos momentos de absoluto vacío sentimental, ideal y pensativo del hombre, lo que invita y asiste la recepción de la nada absoluta. La que embota al hombre encerrándole en sí mismo, y, insta, obliga al hombre a interrogarse sobre si es necesario que esté vivo y haga lo que hace o, por contra, da lo mismo que si estuviera muerto y no hiciera nada. Asi de crudamente habla nuestro tribunal más alto. Todavía el hombre se encuentra consigo mismo mismo, al punto, su interrogatorio atraviesa cada contenido relevante de su existencia: placeres comunes, enlazados con su original aspiración a la felicidad, en lo práctico: cargado de su lastimero código moral de hombre íntegro aunque con cláusulas, ciertas ideas sobre la prudencia, que a su vez participan en otras más avanzadas que le son de orientación en las decisiones habituales; juicioso al menos una vez al día, sometido a sus manías en el rincón de lo estético, y con la intacta mansión superpoblada de recuerdos inútiles y experiencias consumadas que pretenden justificar su salvaje existencia. Tal vez, al recordase, se esté dejando a sí mismo en evidencia, como un obstinado come mierda, rindiéndose honores a sus principios copiados y su conciencia de fingido noble, porque la mentira es el modo de sujetarse del hombre, como a una última ramita con tres hojas que sobresale inusitadamente de un peñasco y le evita provisionalmente la caída, y a la que se aferra aliviado, mas por poco tiempo.
 Ahí, dentro de la vida pasada, rellena y aprovehada, sea ruin o honesta, es de donde nace el reencuentro del hombre consigo mismo sólo cuando antes ha aparecido en escena a modo de requisito un momento de vacío abismal, al estar esperando por algo; entonces, vencido el hombre por el rastreo hecho sobre su vida pasada, sale a buscar, abatido, algún sentido auténtico a sus acontecimientos pasados, intentando, penosamente, salvar alguna experiencia en su último juicio, algun momento, que no deba ser puesto, como tantos otros,  en el montón de experiencias apilotonadas que representan una egípcia pila de mierda, cuyo hedor apesta, como no, a la banalidad de cada hombre en concreto. En efecto, el mismo que se tiraba orgulloso en parapente como si estuviera conquistando al tiempo el Olimpo y lográse un hito en la eternidad olvidadiza; ése, el que vive embollado en el ridículo mandato de pisar fuerte y vivir con intensidad, que si nos descuidamos, el Sol se pone.  Ellos, los devoradores de experiencias, engreídos en su afán de haber vivido más rápido de lo normal. Se permiten, con todo, fundamentarse en las ruinas de su experiencia, como si ellas viviesen para él, o, poco más o menos, las experiencias consumadas de ayer le engendrasen la felicidad de mañana; a todo esto, la experiencia ya está muerta, y revivirla agarrándose a su pierna, un juego siniestro
Cierto día, uno se aleja de su propio hedor, asqueado, fatigado y más que todo esto, asfixiado de mirar a todos lados y sorprenderse siempre de ver la monstruosa nada invadiéndolo todo, y decide lanzarse hacia delante en una carrera desesperada para salvar su ego ya exánime de sus cutrezes inolvidables y extraordinarias. Ahora, advierte que ha empezado a contemplar el mundo desde su perspectiva real, tal como es en si: idéntico a sí mismo cada mañana, repitiéndose religiosamente cada día, con las menudeces superfluas de las circunstancias que cambian ligeramente, golpeado por  las cuestiones relativas al quehacer doméstico, y, en definitiva, en un sentido estricto y a la vez amplio: contemplando un mundo que, tras haber intentado esquivarlo, engañarlo, y no haber flotado luego, y, a la postre, tras haber orquestado un engaño en  su propio pasado que le permitiera seguir viviendo e igualmente haber vuelto al pie de la muralla, se le presenta el mundo, digo, como una broma repugnante y asquerosa, en la que figura dentro de un teatro en calidad de invitado y por casualidad; a la sazón de la casualidad, y esta es su última razón, actúa indeciso, haciéndose proyectos, buscándose incentivos, bañándose en aguas preparadas de improvisaciones sofisticadas que nutran su famélico ego, que le insuflen más brillo a todo esto envuelto en penumbra. Estas son las pequeñas obras de teatro que acaba patrocinando el hombre, y fracasan irremediablemente, y es entonces  que el hombre se detiene poniéndose la palma plana en la mejilla, y se dice: ¿qué hago en el mundo? No parece haber sido hecho para mí. Y ante sí: la nada absoluta.
Quién halle la nada, atroz tendrá que hacer papiroflexia con sus torpes manos, a fin de eludir ser engullido por ella. Es ése  islote del entretenimiento el que, temporalmente, salva al hombre de su caída.



Ensalada deluxe con Coca-Cola

Ella no era puta como las demás. Así me pareció a mí, cuando, surgió ante mí, sentada en la terraza de la esquina del restaurante Montmatre. Me fijé, estaba embargado por la imagen. Así, ella cogía sus cubiertos, sin fingimientos ni gestos bárbaros, sólo los cogía, qué clase, y luego comía; algo normal, claro está,  pero que no dejaba de tener la fuerza sobrenatural para impresionarme. Era su bol, poco más que éso, su bol,alto y transparente, que conseguía reunir dentro de el todo éso que yo me había estado jalando durante tantos años de soledad, en ésas vísperas de hastío insoportable, donde convivía con la televisión como un mono distraído. Vuelvo al bol, sí, os lo transmito: lechuga con jamón despedazado, atún, sardinillas pequeñas, jamás de las grandes, aceitunas testimoniales, algo de zanahoria, y el clásico tomate, rojo y carnoso. A esto, mucho vinagre. Estaba maravillado, aunque me reprimí de dar saltitos por pudor, no me negué a agitar la cabeza dismiluadamente. Comprenderéis que ésa ensalada era algo más que lo que aparentemente, pues tenía la forma de un inequívoco a punto matemático cuyo contenido me revelaba caprichosamente el destino que iba a comprometernos. Y entonces, más sereno y relajado, miré otra vez ésa mujercita, allí,con su ensalada, recogiédola con sus cubiertos, delicadamente, y, justo al lado, una Coca-Cola, una puta Coca-Cola preparada para no dejar nutriente con cabeza. Una matanza gástrica. Éso mutilaría el tomate, sin duda, y el resto, tampoco se salvaría, sin duda también. Aquella mujercita, la muy puta. Aún por las noches, me pregunto qué estaba haciendo ahí sentada a modo de espera, comiendo, precisa y divinamente, y combinando ésa gloriosa ensalada con aquélla Coca-Cola de apocalípsis, con sus bacterias devoradoras de vitaminas. En definitiva, no se podía ser más cabrona. En el aspecto de las experiencias consumadas, está, sin chorrear lírica, en el de las jodidas bromas. Qué hacía allí colocada, amontonando la viscosa mierda de la   Coca-Cola con el brío de la lechuga en una lastimosa digestión. Y no es que me haga el contrariado ajustándome las guías del bigote, sin embargo, una cosa así, ver a aquella mujercita bella y cargada de sensibilidad casada con una Coca-Cola, éso era algo que me atentaba sin remedio, en lo hondo de mis principios. La puta del Montmatre,estuviese sentada en la esquina que estuviese, lo mismo daba, no habría  dejado de generar poco más que indignación por todo el mundo; era la insígnia del modernismo: comer una vigorosa ensalada a la vez que engulles la crepitante Coca-Cola. En éso se centraba el conflicto, para poner un ejemplo que lo descubra aun más: un hombre no ingiere su pastilla diaria el mismo día que se ha propuesto hundirse una bala en el cráneo. Asimismo, a qué gilipollas se le ocurre mezclar la ensalada con Coca-Cola .
En estos casos, dinamitadas estas ideas, calcinados  en abstracto cierto género humano, uno acaba por replegarse en sí mismo. El abatimiento llega al cuerpo cuando el cerebro no halla salidas reales a la situación, entonces, sólo reconoce el problema e integra ésa submujer, el monstruo de gestos gráciles y Coca-Cola en tráquea, la putita, con sus cubiertos manipulados de arriba a abajo, todo ello a cierto nivel de refinamiento y, sin ser causa de horror. Peor aún, es, a pesar de ser bueno o malo a que se apele, algo extraordinario, que vive grotescamente entre los humanos. En conclusión, una puta de la naturaleza, que se siente, y cuando llega el camarero le encarga, inocente y distinguidamente, una ensalada deluxe con Coca-Cola.
La muy puta.

Louis-Ferdinand, Céline. [Barcelona]


La veía palidecer ante mí, a Lola, flaquear, debilitarse.<¡Toma, puta! -me decía yo-. ¡Duro ahí, Ferdinand! ¡Para una vez que tienes la sartén por el mango!...No la sueltes...¡Tardarás mucho en encontrar uno tan sólido!...>
<¡Toma! - dijo, completamente crispada-. ¡Aquí tienes tus cien dólares! ¡Lárgate y no vuelvas nunca! ¿Me oyes? ¡Nunca!... Out! Out! Out! ¡Cerdo asqueroso!...>
<Pero dame un besito, Lola, a pesar de todo. ¡Anda!..¡No estamos enfadados!>, propuse para ves hasta qué extremo podría asquearla. Entonces sacó un revólver del cajón y no precisamente en broma. La escalera me bastó, ni siquiera llamé al ascensor





Louis-Ferdinand, Céline



Puta

-Cuida lo que deseas- dijo él.
- Y tu cuida lo que cuidas- respondió ella.
- Comoquiera- repuso él.
-Como desee- objetó ella.

Luego, ella, se levantó de la arena que compartían sentados, dedicó una mirada al paisaje que tenía enfrente, andó huellando la arena tras su pié, y se introdujo en el agua. Hundió su rostro hasta que tuvo que cogerse fuertemente la nuca con las dos manos, y se ahogó, no sin antes pronunciar.
-Deseo- mientras tragaba los litros de agua que al fin le hicieron estallar los pulmones.
Él, desde la  solitaria orilla, inmutable, miraba como ella encontraba su fatal fin, y meditó
 - Su caída la reunirá con las algas del lago, junto a ellos, yacerá pasando inadvertida para lo humano- ése fue su último pensamiento para ella, la que deseó.


En la cima, donde los olivos, duerme apoyado


La historia sintetizada en Nietzsche montando a caballo en la guerraprussiana. Luego siendo amigo de Wagner. Wagner escribiendo una opera católica. Nietzsche, reticente, a su caballo del odio levantando pieles para insultar corazones corrompidos. 34 años más tarde: Hitler dirigiéndose a la juventudes hitlerianas, diciéndoles que el tendero rapaz que saquea el oro de su casa son los judíos. Añade que Nietzeche coincide en ello.

La historia aun sin sintetizar. Camus llega promoviendo torrentes y assienta  un golpe en la mesa que se escucha, esparcido por al sala, y yendo más allá hasta las callejuelas infectas de justos y buenos: "el hombre fornica y lee el periódico"- profirió.
Ni operas wagnerianas, lecturas nietzschianas; al punto la memoria de los transeúntes alcanza hasta el padre, tal vez el abuelo; se dicen: Hitler convertido en símbolo ambiguo, cuyo nombre admite ahora lisonjas y alabanzas, también reproches innegables.

La historia sintetiza, jamás sintoniza. El hombre de hoy no sintoniza, es idéntico a su opnión sobre sí mismo, y de ahí, sugiere una historia aislada de la misma historia. Historia subjetiva. El hombrecillo apartando matorrales, podando opiniones y presagios, apelando al final cerrado de la historia, su final, cuyo héroe no es casualidad que sea el mismo, el que la inventa mientras la reescribe

El Noguera Pallaresa


Quan el temps encara no havia passat per la fusta. La fusta era de color marró i sense astelles. Un tros de fusta marró i sense astelles unit per dos claus a un altre tros de fusta marró i sense astelles, tot formant una superfície a vora el riu.Ara els trossos es compten pels que s'ha emportat el riu i els que queden donant fe que un dia hi va haver una superfície de fusta. 

Ara ningú s'asseu sobre la superfície de fusta marró i sense astelles perquè el temps l'ha abnegat. A això, nosaltres seguim volent asseure'ns a sobre d'ella per parlar del passat del passat, d'aquell passat on et podies sentar sobre la superfície de fusta marró a mirar correr el riu, escoltar-lo, i fer-lo testimoni de converses que parlaven d'un present que pensavem que conduiría a un futur que sempre esdevè un altre.

 Al punt, el present d'ara és la vacuitat. No hi ha contingut. Veus a les dones aplicant els seus ideals a aconseguir practicar el yoga en la seva expressió més elevada o en imitar el cuiner de la tv fins a la crítica, la superació del mateix.. Observes a altres que s'especialitzen en les aromes de té com si el tema mereixes tota la serietat. Uns últims que desplaçen la serietat a obligacions que han d'estar fora de discussió perquè així, al seguir-les, puguin sentir en les seves pells que la vida té un sentit pel qual la seva existència està justificada.

Tots ells, pensen que l'altre pensa que la seva afició és digna de reconeixement. Que ser un savi en les cerimònies del té, en la música dels anys 60, en  el cinema de Kubrick és signe inequívoc de veneració; o complir satisfactòriament alguna de les obligaciones convencionals de l'estudi, la feina o la vida social amb absoluta diligència i circumspecció; i encara més, haver-se convertit en un erudit d'algun tema banal: " els arbres de fulla perenne eludeixen millor el foc que els de fulla caduca"; l'asfalt d'Extremadura està fet amb un alquitrà que permet una major adherència, ja que prové d'un conveni amb el Brasil sobre la biodegrabilitat dels pnèumatics".

Són la gent que no ha trobarà mai a faltar una superfície de fusta al costat del riu des de la qual parlar sobre, perquè mai ha vist res en fora d'ell mateix que fos mereixedor de major atenció que el seu propi discurs. Encara no saben que tot discurs té un lloc que quan falta es troba insuls, insubstancial.